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QUE BUENO SER REY

QUÉ BUENO ES SER REY
Coincidiendo con su reciente alta hospitalaria, el rey de España desaprovechó una magnífica oportunidad para haber seguido el sabio consejo que, él mismo, diera, en su día, al lenguaraz presidente de Venezuela y por el que, sin duda, pasará a la historia al ser una de las pocas frases pronunciadas por Su Majestad que lleva su propio copyright (no se la escribió ningún “negro”): “Por qué no te callas”.


En lugar de agradecer educadamente al hospital y a su personal sanitario las atenciones prestadas, D. Juan Carlos, ya sea emocionado o desorientado, fue un paso más allá y afirmó que: “los españoles debíamos sentirnos orgullosos de la sanidad pública que tenemos”.
La metedura de pata no está en la hipotética certeza o falsedad de tal afirmación sino en el incontestable hecho de que el rey no tiene ni puñetera idea de cómo perciben los españoles sus servicios sanitarios ni, dicho sea de paso, ningún otro servicio público. Para poder hablar con propiedad sobre el asunto, el rey debería haber pasado por su ambulatorio de zona, ver a su médico de familia, coger cita para realizarse las pruebas complementarias, visitar al especialista, entrar en las interminables listas de espera y, cuando le llegase el turno de la estancia hospitalaria, compartir aleatoriamente habitación con otro enfermo… y su correspondiente ristra de familiares.
En vez de haber seguido este “circuito” tan habitual para los españolitos de a pie, Su Majestad ha tenido a una legión de médicos a su servicio durante su hospitalización, no ya en una habitación individual, sino en toda una planta, de lo que en teoría es un hospital público. La realidad es que nuestro país cuenta con excelentes centros hospitalarios públicos atendidos por equipos sanitarios cualificados y eficientes. Sin embargo, la masificación en la demanda hace que, ante una necesidad médica o quirúrgica, no todos los españoles podamos ser atendidos con la premura, la calidad y el confort que ha disfrutado nuestro monarca a la hora de solventar su indisposición. Su comentario ha sido tan improcedente como si hubiese alabado el funcionamiento del Metro o las excelencias de la educación pública y, lo que es peor, pone en evidencia, cuando menos, la candidez del personaje.
Ya sabemos que por mandato constitucional España está obligada a tener un rey (¿recuerdan, por cierto, quién designó a este desagradecido D. Juan Carlos?) y, también sabemos, que corresponde al Estado el mantener al rey (y a su cada vez más prolífica familia) a cuerpo de ídem. Lo mínimo que sería esperable es que ni el monarca ni su prole hiciesen ostentación de los privilegios que acarrea esa trasnochada “lotería genética” con la que han sido agraciados y a la que, inexplicablemente, los españoles le tenemos tanto cariño. “Qué bueno es ser rey” decía Mel Brooks en su “Loca historia del mundo”, es lógico que D. Juan Carlos piense lo mismo que el cómico pero… ¡no debería decirlo!

17/05/10 Manuel S. Ledesma
Manuel S. ledesma escribe todos los miercoles en Europa Sur, este articulo no lo han publicado.